Publicado el: 19/05/2011

Lag BaOmer

Rabi Akiva, el más grande Rabino de la Mishná y líder espiritual del pueblo judío, sabía que el final de su vida estaba cerca. La gran Revuelta de Bar Kojvá – “el hijo de la Estrella", ahora llamado Bar Koziba, “el hijo de la decepción" –, había fracasado, conduciendo a más de medio millón de judíos en la Tierra de Israel a una muerte brutal y a la persecución de todo el Pueblo Judío a lo largo y a lo ancho del Imperio Romano .

No fue fácil para el Emperador Adriano de Roma acabar con los 3 años de independencia judía logrados por las fuerzas libertadoras en la Tierra de Israel: le costó la derrota y la muerte de varias de sus mejores Legiones y de algunos de sus más destacados comandantes y tropas, y el traslado urgente a la Tierra de Israel de Julius Saverius, el General que gobernaba Britania, y de Hadrianus Quintus Lollius Urbicus, antiguo Gobernador de Germania, para poder conseguirlo.

La situación de los judíos en Israel era desesperante. Todo había sido destruido, ultrajado, demolido . Las ruinas del Gran Templo fueron base para las estatuas de los dioses paganos helénicos, y el decreto de expulsión de los judíos de Judea era general . Parecía que el final del pueblo judío había arribado; que la esperanza de un futuro mejor para los Hijos de Israel era una descabellada ilusión .

Rabi Akiva, que siempre supo hablar tanto con los pobres como con los poderosos; con los sabios y con los no instruidos, debía proyectar algo de luz en el manto de obscuridad, desesperación y tragedia popular. El octogenario  y amado líder espiritual del pueblo tenía que proveer alguna alternativa de vida futura; un albor para lo que parecía el ocaso final judío. Empezaron entonces sus enseñanzas últimas, destinadas precisamente a recomponer el espíritu casi quebrado de nuestros antepasados.  Una de ellas muestra con claridad su visión y profunda fe en un futuro mejor, feliz y de redención para el remanente de los Hijos de Israel. Cuenta el Talmud:

"Un día andaban por las calles de Roma cuatro maestros: Rabán Gamliel, Rabi Eleazar, Rabi Yehoshúa y Rabi Akiva… y llegaron al monte Scopus . Al ver desde allí las ruinas de la ciudad, rasgaron sus vestiduras. Y cuando llegaron al Monte Moriá, donde se erigía el Templo, vieron salir una zorra del Kódesh HaKodashim – el lugar más sagrado del Templo, al que accedía el Sumo Sacerdote sólo una vez al año, en Yom Kipur -. Los tres primeros sabios se pusieron a llorar, en tanto que Akiva reía sin medida. Le preguntaron: '¿Cómo es que ríes frente a esto?'.
Les respondió: 'Y Ustedes… ¿por qué lloran?'.
Le contestaron: '¿No sabes que se dijo (en la Torá): "El extranjero que ingrese cerca del Santuario será condenado a muerte" …¡ Y ahora aún las zorras se pasean por el [Santuario, y no les pasa nada]! Ésta es la razón de nuestro llanto'.
Rabi Akiva, con tranquilidad, les replicó: 'Yo me río porque está dicho: "Sión será arada como un campo de labranza y Jerusalem se convertirá en collados muertos" , pero también está dicho "Otra vez Jerusalem se llenará de gozo: estará llena de niños y de niñas que salten y canten en sus calles" . Mientras una profecía no se había cumplido, podíamos también dudar de la otra. Ahora, que se ha cumplido la primera… ¡Podemos esperar con gozo el cumplimiento de la segunda!'.
Ellos contestaron: 'Tienes razón' ".  

Demasiados siglos tomó reconstruir nuestra vida nacional. Siglos que vieron las persecuciones y matanzas de nuestro pueblo por parte de los Cruzados, la Inquisición, los progroms de Europa y del mundo árabe, y, finalmente, la Shoá – el Holocausto -. Pero esa esperanza, esa luz diseminada por Rabi Akiva, perduró en los corazones del pueblo de Israel, iluminándolos, y comprometiéndolos a recomponer su historia - estableciendo un presente y un futuro fuertes y ciertos para el Pueblo Judío a partir de la creación del Estado de Israel, que nos ha recuperado de nuestro estado de indefensión, y nos ha catapultado a nuestra época más lograda como Nación.

Cuando vemos en la Jerusalem reconstruida de nuestro glorioso presente los centenares y miles de fogatas en cada rincón de Jerusalem y de la Tierra de Israel toda, recordando el espíritu de la lucha libertadora de Bar Kojvá – lo que celebramos en Lag BaÓmer -, evocamos con ello el augurio esperanzador de Rabi Akiva, y nos conmovemos de vivir en una era en la que Sión está llena de gozo, "llena de niños y de niñas que saltan y cantan en sus calles". Somos los afortunados testigos de nuestra Reconstrucción Nacional - ¡Qué extraordinario privilegio! -.

Que las luces de Lag BaÓmer, que reflejan la gran luz de la esperanza judía por la reconstrucción nacional – ésa que nos enseñó Rabi Akiva -, iluminen nuestro presente de gloria y nuestro promisorio futuro, en nuestra recuperada independencia y libertad.

¡Lag BaÓmer Saméaj!

Fuente: Texto del Rabino Carlos A. Tapiero - Vice Director General y Director de Educación - Unión Macabi Mundial - Israel.

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